Ana Sender

  • Ilustradora

Lloré por primera vez hace cuarenta años, en una ciudad de la periferia de Barcelona.

Un tiempo después olvidé cómo llorar y cómo hablar. Lo que sí recordaba era cómo dibujar, así que dibujaba las palabras que no me salían y las lágrimas y los gritos que me había tragado. Y también soles, brujas, casas, princesas y monos.

Eso fue hace mucho tiempo y ahora solo me olvido de hablar a ratos y he aprendido a llorar de muchas maneras diferentes. Incluso he inventado algunas nuevas, por ejemplo haciendo el pino.

Un día descubrí que podía ir a una escuela para aprender a ser ilustradora y me tiré de cabeza. Era una escuela mágica, creo.
Así que aún dibujo y ahora también lo hago para ganarme la vida.

Empecé diseñando estampados para ropa, pero ahora lo que más hago es ilustrar cuentos e incluso a veces me atrevo a escribirlos.

También dibujo para llorar, cuando no me sale, o para hablar, cuando no encuentro las palabras. Muchísimas veces lo hago para jugar.

Me gusta cuando se inunda la casa y hay que improvisar barcas con los muebles.

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