Vengo de la plana de Lleida, donde los horizontes son lejanos y bien definidos. Cuando era pequeña, jugaba a hacer exposiciones de dibujo con mis primas y alguna vez me escapaba con mi tía para pintar en algún prado de los Pirineos. Me fui a la costa y, a pesar de tener el mar cerca, a menudo echo de menos aquella luz rojiza de Poniente.
Utilizo el dibujo como vía de escape hacia otros lugares, y, con el paso del tiempo, la línea y el detalle me han devuelto a los conocimientos de fotografía y grabado que estudié en la Universidad de Barcelona. Como si fuera una naturalista amateur, me doy cuenta de que ha sido la observación de los árboles lo que me ha permitido ir recopilando, traduciendo y creando un lenguaje propio y detallado.
Entre los viajes que he hecho a lo largo de mi carrera, los paisajes de Grecia y su gente siempre han tenido un espacio reservado en mi memoria.
