Nací en Ripollet del Vallès, en el otoño de 1966. Ser un niño muy introvertido no ayudaba mucho, y, sin embargo, fui extraordinariamente afortunado: vivía en el campo y siempre me he sentido muy cercano a los animales y las plantas, la tierra y el agua. Tuve una abuela queridísima, Maria, que no dejaba de hablar del mundo y de sus cuentos. Mi madre con sus películas; mi padre amando la naturaleza, la música y la literatura; mi hermano, el juego, y mi perro Blodo, un compañero de luz. Son regalos como pájaros.
Las palabras en poesía me fascinan. No tienen nada que ver con el lenguaje del día a día. Son animales vivos. Son palabras que hacen cosas. Como las que dicen los pájaros, los árboles y las ballenas. O los niños cuando no saben que existen. Me enamora el hecho de que, mientras se escribe, igual que mientras se lee, uno ya no tiene nombre. Es un bosque.
La vida ha sido generosa. Bien mirada, siempre lo es. Tan bondadosa, tan áspera, tan rica, tan humilde. Tan «mientras tanto, en otro lugar». Gracias.
